En una entrevista con la periodista Maysem Rizk en la plataforma «Podium», el presidente del Partido de la Unificación Árabe y exministro, Wiam Wahhab, reveló detalles de lo que llamó el «Expediente del Príncipe Abu Omar». Habló de una «influencia imaginaria y promesas pagadas» que involucraron a figuras políticas, afirmando que lo ocurrido «delata la falsedad de quienes hablan en nombre de la soberanía», ya que «el país se maneja por WhatsApp», según sus palabras.
Wahhab explicó que este expediente —con sus alegaciones de influencia supuesta y promesas políticas monetizadas— no puede tratarse como un incidente pasajero. Al contrario, representa un ejemplo flagrante de cómo se gestiona la política en el Líbano, donde las instituciones constitucionales y legales son reemplazadas por canales informales, contactos personales, mediaciones y pactos cerrados lejos de cualquier control o rendición de cuentas.
Subrayó que el peligro de este caso no reside solo en los individuos implicados, sino en la mentalidad política que permite tales hechos, así como en la complicidad tácita o el silencio que los acompaña. Consideró que el discurso recurrente sobre la soberanía pierde todo valor cuando el país se gestiona vía «teléfonos y WhatsApp» en lugar de un Consejo de Ministros o instituciones oficiales con competencias claras.
El papel de la diputada Bahia Hariri y el engaño de las «voluntades externas»
Wahhab señaló que la diputada Bahia Hariri, con su experiencia y astucia política, desempeñó un papel fundamental al desenmascarar la falsedad de las afirmaciones vinculadas a este caso. Al verificar directamente las referencias y los datos, logró que colapsaran los relatos que se vendían como representativos de voluntades o decisiones externas. Afirmó que este paso reveló el nivel de desprecio que algunos implicados tienen tanto por la opinión pública como por el Estado.
Wahhab cuestionó el comportamiento de varios políticos que aceptan tratar con «personajes ficticios» o canales sospechosos para obtener beneficios o cargos, considerando que esto daña la vida política libanesa y destruye la poca confianza que queda en la función pública.
Seguridad Nacional: Tregua a largo plazo y realidad del armamento
Sobre los asuntos nacionales y de seguridad, la posición de Wahhab fue clara:
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Llamado a una tregua prolongada: Instó a no dejarse arrastrar por aventuras militares imprevistas, subrayando que el Líbano no soporta más guerras ni más destrucción.
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Elementos de fuerza: Aclaró que pedir una tregua no significa aceptar el desarme ni dejar a los libaneses desprotegidos ante los peligros.
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Realidad de las armas: Calificó de «irreal» hablar de abandonar las armas ante el panorama regional, la crisis siria abierta y la presencia masiva de desplazados en las fronteras.
Afirmó que, en esta etapa, las armas ya no pertenecen a un solo grupo o comunidad, sino que se han convertido, para muchos, en un elemento de protección para cualquiera que se sienta amenazado.
El Estado como referente último
Wahhab añadió que, aunque el Estado debe ser la referencia primera y última —y la apuesta principal debe ser el Ejército Libanés—, la experiencia ha demostrado que a veces el Estado no puede cumplir su función plenamente. En ese caso, sostuvo que no se puede pedir a la gente que se rinda, señalando que la defensa de hogares y pueblos es un derecho legítimo si se impone el caos.
Precisó que cualquier mención a «cerrar zonas» o medidas de campo es puramente hipotética, vinculada únicamente a un escenario de colapso total del Estado. La prioridad sigue siendo evitar el caos y preservar la paz civil.
Conclusión: Más allá de los eslóganes vacíos
Wahhab concluyó insistiendo en que el Líbano no se construye con eslóganes populistas que agitan la bandera de la soberanía mientras la vacían de contenido. Se construye con:
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Un Estado que se respete a sí mismo.
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Una política transparente.
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Instituciones eficaces.
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Una decisión nacional independiente tomada en las instituciones, no en los pasillos.



