{"id":267,"date":"2026-01-13T16:08:56","date_gmt":"2026-01-13T13:08:56","guid":{"rendered":"https:\/\/tawhidarabi.org\/archives\/267"},"modified":"2026-01-13T16:24:10","modified_gmt":"2026-01-13T13:24:10","slug":"%d9%85%d9%86-%d9%8a%d8%b1%d9%89-%d8%a7%d9%84%d8%a8%d8%ad%d8%b1-%d9%81%d9%8a-%d8%b2%d9%85%d9%86-%d8%a7%d9%84%d8%ad%d8%b1%d8%a8%d8%9f-%d8%a7%d9%84%d8%aa%d9%87%d8%ac%d9%8a%d8%b1-%d9%81%d9%8a-%d9%84%d8%a8","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tawhidarabi.org\/es\/archives\/267","title":{"rendered":"\u00bfQui\u00e9n puede ver el mar? Desplazamiento interno en el L\u00edbano entre el escape privilegiado y la dureza de los refugios"},"content":{"rendered":"<div class=\"flex flex-col text-sm pb-25\">\n<article class=\"text-token-text-primary w-full focus:outline-none [--shadow-height:45px] has-data-writing-block:pointer-events-none has-data-writing-block:-mt-(--shadow-height) has-data-writing-block:pt-(--shadow-height) [&amp;:has([data-writing-block])&gt;*]:pointer-events-auto scroll-mt-[calc(var(--header-height)+min(200px,max(70px,20svh)))]\" dir=\"auto\" tabindex=\"-1\" data-turn-id=\"request-WEB:554911d3-13e0-4595-a15a-c021167a51a7-7\" data-testid=\"conversation-turn-16\" data-scroll-anchor=\"true\" data-turn=\"assistant\">\n<div class=\"text-base my-auto mx-auto pb-10 [--thread-content-margin:--spacing(4)] @w-sm\/main:[--thread-content-margin:--spacing(6)] @w-lg\/main:[--thread-content-margin:--spacing(16)] px-(--thread-content-margin)\">\n<div class=\"[--thread-content-max-width:40rem] @w-lg\/main:[--thread-content-max-width:48rem] mx-auto max-w-(--thread-content-max-width) flex-1 group\/turn-messages focus-visible:outline-hidden relative flex w-full min-w-0 flex-col agent-turn\" tabindex=\"-1\">\n<div class=\"flex max-w-full flex-col grow\">\n<div class=\"min-h-8 text-message relative flex w-full flex-col items-end gap-2 text-start break-words whitespace-normal [.text-message+&amp;]:mt-1\" dir=\"auto\" data-message-author-role=\"assistant\" data-message-id=\"9e3c912e-3b2f-4f61-b440-0966c84d1a52\" data-message-model-slug=\"gpt-5-2\">\n<div class=\"flex w-full flex-col gap-1 empty:hidden first:pt-[1px]\">\n<div class=\"markdown prose dark:prose-invert w-full break-words light markdown-new-styling\">\n<p data-start=\"123\" data-end=\"713\">Tras la escalada de 2023 entre Israel y Hezbol\u00e1, el desplazamiento interno volvi\u00f3 a marcar la vida de miles de libaneses, evocando recuerdos de 2006 y de conflictos anteriores, pero revelando con mayor nitidez profundas desigualdades. No todas las familias desplazadas viven la misma experiencia, y no toda huida del peligro se mide \u00fanicamente por el miedo. Tambi\u00e9n se mide por la capacidad de comprar seguridad, y por la posibilidad de transformar un desplazamiento forzado en una estancia relativamente c\u00f3moda, muy distinta de las im\u00e1genes de escuelas abarrotadas y refugios improvisados.<\/p>\n<p data-start=\"715\" data-end=\"1271\">Esta es la provocaci\u00f3n central del estudio reciente de Jasmin Lilian Diab, titulado <a href=\"https:\/\/academic.oup.com\/migration\/article\/14\/1\/mnaf065\/8408470\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\u201cWho gets to see the sea?\u201d.<\/a> La pregunta no es ret\u00f3rica, sino una lente anal\u00edtica para comprender la geograf\u00eda estratificada del refugio en el L\u00edbano. Basado en cuarenta entrevistas en profundidad con familias libanesas desplazadas del sur del L\u00edbano y de los suburbios del sur de Beirut hacia ciudades costeras m\u00e1s seguras y acomodadas, como Biblos y Batroun, el estudio muestra c\u00f3mo el estatus socioecon\u00f3mico moldea de manera decisiva las trayectorias del desplazamiento.<\/p>\n<p data-start=\"1273\" data-end=\"1848\">Los hallazgos revelan una fractura clara. Las familias con recursos econ\u00f3micos pudieron, en muchos casos, alquilar viviendas privadas, a veces amuebladas, a veces con vistas al mar, y mantener una relativa continuidad en su vida cotidiana. Su desplazamiento, aunque provocado por la inseguridad, pudo gestionarse como una transici\u00f3n controlada. En cambio, las familias con menos recursos se vieron confinadas a refugios colectivos saturados o a soluciones precarias, con un apoyo estatal limitado e irregular, y con una vulnerabilidad que se profundiz\u00f3 en lugar de disminuir.<\/p>\n<p data-start=\"1850\" data-end=\"2480\">Diab describe esta din\u00e1mica como la \u201cprivatizaci\u00f3n del refugio\u201d. Cuando el Estado no logra organizar una respuesta equitativa y coordinada, el alojamiento se convierte en una mercanc\u00eda y la seguridad en algo que se compra, m\u00e1s que en un derecho garantizado. En este contexto, no es solo la geograf\u00eda la que determina los destinos del desplazamiento, sino la clase social. Los ahorros, el acceso al mercado de alquiler y las redes familiares y sociales se convierten en recursos esenciales para la supervivencia. El desplazamiento deja de ser una experiencia nacional compartida y pasa a ser un fen\u00f3meno profundamente jerarquizado.<\/p>\n<p data-start=\"2482\" data-end=\"3040\">La crueldad de esta jerarqu\u00eda no es \u00fanicamente material. El privilegio econ\u00f3mico tambi\u00e9n permite una distancia simb\u00f3lica frente al estigma del desplazamiento. El estudio muestra c\u00f3mo algunas personas desplazadas con mayores recursos rechazaron incluso definirse como \u201cdesplazadas\u201d, present\u00e1ndose como inquilinos temporales o visitantes. Esa redefinici\u00f3n protege su estatus social, su dignidad y su autoimagen. La pobreza, por el contrario, genera un doble desplazamiento: del hogar y de la posici\u00f3n social, de la autonom\u00eda y del control sobre la propia vida.<\/p>\n<p data-start=\"3042\" data-end=\"3720\">Para explicar estos procesos, el art\u00edculo emplea un marco te\u00f3rico multidisciplinar que vincula las jerarqu\u00edas de movilidad, la privatizaci\u00f3n del refugio y las geograf\u00edas de clase. El mensaje central es claro: en Estados fr\u00e1giles, el desplazamiento no es una experiencia uniforme. Es desigual, depende de la clase social y est\u00e1 moldeado por la negligencia institucional que obliga a las personas a recurrir a medios privados. La implicaci\u00f3n es tanto acad\u00e9mica como pol\u00edtica: las respuestas humanitarias que ignoran la dimensi\u00f3n de clase corren el riesgo de reforzar las desigualdades existentes, al dejar que el mercado y las redes informales decidan qui\u00e9n accede a la seguridad.<\/p>\n<p data-start=\"3722\" data-end=\"4053\" data-is-last-node=\"\" data-is-only-node=\"\">En el L\u00edbano, la pregunta \u201c\u00bfQui\u00e9n puede ver el mar?\u201d no trata realmente de una vista. Es una cuesti\u00f3n de dignidad, de qui\u00e9n puede alejarse del peligro sin perder su estatus, y de qui\u00e9n queda relegado al hacinamiento, la exposici\u00f3n y el estigma, como si la ciudadan\u00eda tuviera niveles, y como si la supervivencia fuera un privilegio.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"z-0 flex min-h-[46px] justify-start\"><\/div>\n<div class=\"mt-3 w-full empty:hidden\">\n<div class=\"text-center\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<div class=\"pointer-events-none h-px w-px absolute bottom-0\" aria-hidden=\"true\" data-edge=\"true\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras la escalada de 2023 entre Israel y Hezbol\u00e1, el desplazamiento interno volvi\u00f3 a marcar la vida de miles de libaneses, evocando recuerdos de 2006 y de conflictos anteriores, pero revelando con mayor nitidez profundas desigualdades. 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